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¿Por qué jugar nunca ha sido más importante?

¿Por qué jugar nunca ha sido más importante?

02 de julio de 2021

República Dominicana

Por Amy Víctor y Wara González

“¡Corre, corre que te atrapa!”

“¿A que están jugando?

“Jugamos al Coronavirus y ahora te toqué y te infecté, te quedas tú.”

 

Los niños y las niñas en la primera infancia se han visto muy afectados por la pandemia del COVID-19. Sus rutinas diarias y su vida habitual han cambiado de forma inesperada, afectando así su desarrollo social y emocional, cognitivo y físico. El juego tiene un rol fundamental en el bienestar y preservación de la salud mental. A través del juego los niños y las niñas canalizan sus emociones, miedos, frustraciones y pensamientos. Jugando, sacan a la luz los pensamientos que les oprimen y procesan la realidad usando la fantasía y la imaginación. Al jugar sanan. Nunca había sido más importante favorecer esta actividad tanto en casa, como en las escuelas y comunidades.

La pandemia ha restringido las interacciones humanas de los niños y las niñas, tanto con sus pares como con otras personas. El confinamiento, los toques de queda y la imposibilidad de acceder a espacios de contacto con la naturaleza, especialmente para los niños y niñas en focos urbanos ha impactado el desarrollo de las habilidades cognitivas y físicas.  Las familias reportan más tiempo de pantallas y menos interacciones sociales. Igualmente, nos hablan de más tiempo en actividades individuales que colectivas. Si bien jugar es algo puede hacerse sin compañía; el juego con pares es muy importante para un desarrollo equilibrado.  No es casualidad que el juego sea considerado como un derecho fundamental de la infancia y es que se trata de una necesidad vital y es la herramienta que usan los niños y las niñas para dar sentido a sus vidas.

Es importante aclarar el tipo de juego al que nos referimos. Se trata del juego que se vive de forma libre o, mejor dicho, no dirigido por un adulto. Es un juego guiado por la imaginación, la creatividad, las necesidades y los intereses de los niños y las niñas.  A su vez, puede estar repleto de reglas, siempre y cuando sean inventadas o recreadas por los jugadores mismos. Este es un juego que produce las emociones más grandes y fuertes, y conduce a la autosatisfacción y la plenitud (González y Víctor, 2018).

Psicólogos, antropólogos, educadores, entre otros estudiosos de la conducta humana afirman que el juego no representa únicamente una forma de entretenimiento o diversión, sino que es una necesidad biológica de los seres humanos. Algunos de los beneficios para la salud mental obtenidos al jugar son: intercambiar memorias tristes por vivencias de placer, comprender mejor el mundo circundante y permite la adaptación a nuevas realidades. Esto se hace evidente desde los primeros años de vida. Al jugar se desarrollan competencias y destrezas para la vida permitiendo a los niños y las niñas crecer sanos, plenos y felices.

“El juego del niño no es el recuerdo simple de lo vivido, sino la transformación creadora de las impresiones vividas, la combinación y organización de esas impresiones para la formación de una nueva realidad que responda a las exigencia e inclinaciones del propio niño” (Vigotsky, 1988 pag.19). No solo los niños y niñas juegan hoy al “COVID-19” o al “Coronavirus,” sino que también crean fuertes y fortalezas con los muebles y sábanas de la casa para que “el Coronavirus no entre”, y “que el Coronavirus no te atrape y si te atrapa te hagas el muerto” … entre otras versiones que hemos escuchado.

En este sentido, es transcendental que, en los hogares, en los centros de atención, escuelas y en las comunidades se favorezca el juego libre. ¿Cómo se puede lograr esto? Pues creando las condiciones necesarias para que los niños y las niñas jueguen: (1) Proporcionándoles seguridad física y emocional, (2) Ofreciéndoles espacios y tiempos para jugar, mejor si estos son construidos y gestionados con la participación de ellos y ellas, (3) brindándoles apoyo para organizar su juego: ambiente, materiales, tiempo, etc., (4) respetando el modo de jugar, así como sus intereses y motivaciones, observando lo que sucede, con respeto, comprensión y escucha y (5) ¡JUGAR con ellos, pero dejándoles liderar el proceso!

Los centros de atención, las escuelas y los educadores de manera muy particular, deben abogar por las necesidades e intereses de la primera infancia, sobretodo en este momento histórico tan particular generado por la pandemia del COVID-19. Ahora no se trata de recuperar los aprendizajes académicos perdidos, sino más bien de recuperar el tiempo de juego perdido, el contacto con la naturaleza, la socialización, y las interacciones humanas que no se dieron.  

En conclusión, en los primeros años de vida el juego representa una necesidad tan importante como lo son la alimentación y el sueño. Esta actividad no es solo generadora de importantes aprendizajes, una actividad catalizadora de importantes hitos del desarrollo humano y es a su vez es un derecho (González y Víctor, 2018).  Los niños y niñas de nuestro país necesitan espacios, tiempo y mayor participación para poder jugar más y mejor. Corremos el riesgo de afectar la salud mental, el desarrollo y el bienestar del presente y el futuro de la República Dominicana si no promovemos, favorecemos y respetamos el juego de nuestros niños y niñas.  En este sentido, se precisa el compromiso político, social y personal para que no falte el juego en todos ámbitos de la vida de los niños y las niñas. ¡Definitivamente, jugar nunca ha sido más importante!

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