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Educación sin fecha de caducidad: Reflexiones sobre el ODS 4 y su agenda Post 2030

La educación es mucho más que una etapa de la vida: es un proceso continuo, transformador y esencial para el desarrollo sostenible.

A medida que nos acercamos al horizonte del 2030, surge una pregunta inevitable: ¿qué viene después? 

El ODS 4 en esta década

Desde la OEI, la organización decana del sistema iberoamericano y la que tiene mayor presencia y actividad cooperadora en la región y, desde 2024 miembro observador en la Asamblea General de la ONU vemos como principal hito y logro del ODS 4 su capacidad para alinear a los Estados, las entidades internacionales, las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado para trabajar juntos en pro de una educación de calidad, para todos y todas, a lo largo de la vida.  

La Declaración de Incheon & el Marco de Acción Educación 2030 (2015), permitió establecer metas y mecanismos globales y nacionales, para realizar el seguimiento del ODS 4, configurar mapas nacionales y regionales y saber dónde tenemos que trabajar más para no dejar a nadie atrás. En este sentido se ha realizado un gran esfuerzo por tratar de garantizar el acceso y ampliar la cobertura educativa, así como por priorizar a los sectores más vulnerables de la población. 

La apropiación de los líderes y autoridades políticas en materia de educación ha permitido la promoción de acciones y políticas a nivel nacional para mejorar la tasa de matrícula en educación primaria y secundaria, que ha alcanzado niveles cercanos al 90-95% en muchas regiones. 

La mejora de infraestructuras escolares y de la formación docente, y la capacidad para recuperar aprendizajes y retomar trayectorias educativas, indicadores todos ellos vinculados a la calidad de los servicios educativos, se han sucedido a lo largo de esta década, disponiendo actualmente de una tasa de alfabetización de las personas adultas que ha alcanzado aproximadamente el 86%. 

Desde 2015 y con una pandemia por medio, se ha logrado el liderazgo de las autoridades políticas, que han comprometido a sus Estados para garantizar la educación inclusiva y la inversión en educación (4-6% del PIB o 15-20% del gasto público).  

En educación, se han implementado en muchos países políticas para promover la inclusión, la tasa de finalización de los estudios primarios está cerca del 90% en muchas áreas y sube 6 p.p. (53 à 59%) en el caso de los alumnos de secundaria (Informe GEM, Monitoring SDG 4 2024/25), el 40% de los países han adoptado marcos de licenciamiento abiertos para recursos educativos financiados con fondos públicos (datos UIS 2024), y se ha logrado reducir los costes de conectividad y conectar a internet muchas escuelas. 

En la última década la región ha registrado un importante incremento tanto en el número de egresados como en la matrícula universitaria, alcanzando los 33,5 millones de estudiantes en 2021. Esto representa un crecimiento del 32% desde 2012, lo que supone la mayor tasa de crecimiento del mundo (INDICES, OEI 2021).  

La Covid-19 también aceleró el desarrollo tecnológico, la entrada de la digitalización en nuestras vidas y abrió el debate ético sobre como garantizar los derechos digitales, sin violar otros derechos y aumentar las desigualdades ya existentes. Pero también, visibilizó a nivel mundial el papel que juega la educación y especialmente las escuelas como catalizadoras del desarrollo y el bienestar social, velando por la justicia alimentaria, elevando las oportunidades de aprendizaje y la proyección social de las niñas y jóvenes, y favoreciendo la conformación de una ciudadanía más consciente de la influencia de sus acciones a nivel local y global.  

Todos estos acontecimientos promovieron cambios en la concepción de la educación, que nos llevaron a realizar un “nuevo contrato social” basado en el bien común, la justicia y el aprendizaje a lo largo de toda la vida. La ruta presentada en 2022 por 143 países en la Cumbre para transformar la educación nos llama a la acción global en temas como el clima, el aprendizaje básico, el género, la financiación, el liderazgo de los jóvenes, la conexión digital y la garantía de la educación en situaciones de crisis. 

Si algo es común a la educación de ayer, de hoy y del futuro, es el rol central que los docentes escolares tienen como clave del proceso. Poner el foco en el estudio y análisis de la situación actual de los docentes, influyendo en cómo se están reconfigurando las funciones y las expectativas que se depositan en los profesores, nos coloca como agentes activos en la búsqueda de soluciones viables para enfrentar con éxito las exigencias complejas, aprovechando las oportunidades y promoviendo un liderazgo distribuido, inclusivo y equitativo, multisectorial. 

Cómo ve la OEI la actualidad educativa

Desde la OEI también somos conscientes que quedan muchos retos que abordar. Consideramos que debemos avanzar hacia un modelo de colaboración donde los instrumentos financieros estén al servicio de las políticas e iniciativas con verdadero impacto. Y en este marco, la educación es una herramienta principal para el crecimiento inclusivo, la cohesión social y la transformación productiva. Invertir en educación es anticiparse al futuro: formar ciudadanos críticos, capacitados y comprometidos; reducir desigualdades estructurales y avanzar hacia sociedades más prósperas, inclusivas y democráticas.

Desde la OEI también estamos de acuerdo en que debemos avanzar hacia una reforma de la llamada arquitectura financiera para aliviar la crisis de deuda. Más de 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en concepto de deuda que en educación, lo que se convierte en una trampa difícil de superar. Por este motivo, desde la OEI promovemos programas de canje de deuda por educación y cultura, y reafirmamos nuestro compromiso con el multilateralismo, como fue reconocido cuando recibimos el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional el año pasado. 

Futuras estrategias para el ámbito de la educación

Los informes de seguimiento y cumplimiento del ODS-4 muestran sus fortalezas y debilidades. En este sentido algunas de las estrategias educativas que podrían ser contempladas en una agenda post 2030, serían: 

  • Estrategias de recuperación de aprendizajes para evitar el aumento de las desigualdades. 
  • La promoción de una educación sostenible en contextos vulnerables al clima, con mecanismos de respuesta rápida. 
  • El aumento de la inversión pública en educación, focalizando los recursos donde más se necesitan. 
  • El impulso a la transformación digital con equidad, especialmente para estudiantes con necesidades educativas especiales. 
  • La mejora de la conectividad en zonas rurales, promoviendo tecnologías inclusivas y adaptativas. 
  • El desarrollo de competencias digitales y acceso a recursos educativos abiertos, multilingües y de alta calidad para reducir las brechas digitales y de aprendizaje. 
  • Fortalecer la formación docente, garantizando calidad en la capacitación inicial y continua, con liderazgo distribuido y gobernanza inclusiva. 
  • Atender las transiciones educativas en contextos vulnerables, asegurando la finalización de la secundaria y estrategias específicas para adultos y personas con necesidades educativas específicas. 

Educación sin fecha de caducidad

La educación no termina en 2030. Es un proceso continuo que requiere compromiso, innovación y justicia social.

La OEI continuará trabajando con socios estratégicos, haciendo que la cooperación suceda para avanzar en una agenda inclusiva, ambiciosa y centrada en las personas de Iberoamérica.

Artículo escrito por D. Mariano Jabonero Blanco, secretario general de la OEI y miembro del Comité Directivo de Alto Nivel para el ODS 4, publicado originalmente en el sitio web de la UNESCO.

Publicado el 29 Ago. 2025