Protegido: El fin de la escuela tal como la conocemos: menos alumnos, nuevos docentes y otra forma de educar

El descenso de la matrícula como oportunidad para repensar el sistema: desde la jornada escolar hasta el rol docente y la reasignación de recursos
La Argentina atraviesa hoy una transformación demográfica que cuestiona su lógica histórica: entre 2015 y 2023, los nacimientos cayeron un 41%, un quiebre que los y las especialistas consideran definitivo. A partir de los datos del Ministerio de Salud y del análisis realizado desde la OEI, se constata que esta retracción ya impacta en el sistema educativo, reduciendo la presión por la cobertura y poniendo la atención sobre la sostenibilidad de un modelo diseñado para la expansión permanente.
Para analizar este escenario, dialogamos con Nancy Montes, especialista en sistemas de información y análisis de políticas, y Verona Batiuk, especialista en educación infantil de la OEI. En esta entrevista, las expertas desglosan si la menor matrícula es una oportunidad para mejorar la calidad educativa. También invitan a reflexionar acerca de cómo deberá mutar la formación docente para una Argentina con la misma cantidad de educadores, pero muchos menos alumnos.
Los nacimientos cayeron un 40% desde 2015. ¿Esto es algo temporal o la sociedad argentina modificó para siempre su forma de planificar la familia?
Nancy Montes: En principio, hay un cambio de comportamiento en la tendencia demográfica en la Argentina; en los últimos años el país experimentó un descenso del 40% en la cantidad de nacimientos. Cuando analizamos el período que va desde 2015 hasta 2024, observamos que esta caída es transversal, aunque heterogénea al interior del territorio: mientras la Ciudad de Buenos Aires registra un descenso del 53%, en otras provincias la cifra ronda el 30%. Es un escenario de retracción generalizado que también se manifiesta en la región, donde la Argentina, Uruguay y Costa Rica lideran la tendencia de mayor caída hacia 2050. No es un fenómeno pasajero: las proyecciones indican que esta tendencia se mantendrá. Es una situación que vino para quedarse.
¿Se trata de un proceso local o forma parte de una tendencia global? ¿Qué factores lo explican?
Montes: Europa atravesó este proceso antes y hoy es uno de los continentes con población más envejecida, aunque allí los fenómenos migratorios amortiguan el impacto, algo que no ocurre del mismo modo aquí. Respecto a los factores, los demógrafos observan un cambio de paradigma en las familias y en las mujeres, vinculado a un mayor acceso al mercado laboral y a la educación, lo que deriva en un control más estricto de la natalidad. Hoy la tasa global de fecundidad en nuestro país está por debajo del nivel de reemplazo generacional. Se trata de un fenómeno multicausal. El acceso a la educación, la inserción laboral femenina, la disponibilidad de información y de programas de salud —que incluyen anticoncepción e interrupción del embarazo— generan un cambio reproductivo profundo. También influye la decisión de postergar la maternidad hacia los treinta o cuarenta años, lo que en muchos casos deriva en hijos únicos.
Verona Batiuk: A esto se suma la caída del embarazo adolescente, que durante años se mantuvo estable a pesar de diversas políticas y que finalmente cedió. Es un indicador fuerte de que el cambio es estructural.
Al analizar esta caída histórica, ¿debemos leerla como una crisis o como una conquista en términos de autonomía reproductiva?
Montes: Es una transformación estructural que atraviesa a todos los sectores sociales. No es un fenómeno de nicho. Hay factores económicos, culturales y sociales, pero también una decisión consciente en muchas familias de tener menos hijos o no tenerlos.
Batiuk: También es importante entender que no es fácil revertir este tipo de procesos. En países donde ya ocurrió, la recuperación de los niveles de natalidad es lenta y requiere décadas.
¿Qué impacto inmediato provoca este fenómeno en el sistema educativo?
Batiuk: El primer nivel en sentirlo es el inicial. Hay menos niños asistiendo al jardín y eso empieza a trasladarse progresivamente a la primaria. Pero el nivel inicial tiene una particularidad: la obligatoriedad es solo para salas de cuatro y cinco, lo que abre una oportunidad para ampliar la cobertura en sala de tres, que aún no está completamente garantizada.
Montes: Hay menos niños por sección y eso ya se observa en muchas jurisdicciones. Esto puede ser positivo si se gestiona adecuadamente. No es deseable tener aulas superpobladas, pero tampoco grupos excesivamente pequeños por una cuestión de socialización.

¿Menos alumnos implica automáticamente mejor calidad educativa o una contracción del sistema?
Batiuk: En el nivel inicial se registró una caída de la matrícula pero estabilidad en los cargos docentes Esa situación abre una oportunidad para la mejora de la calidad, no la garantiza.
Montes: Todo depende de cómo se reorganice la oferta. Podés tener menos estudiantes por docente y mejorar la calidad, o podés reducir recursos y deteriorar el sistema. No es automático.
Ante este escenario, ¿Cuál es el principal problema?
Batiuk: Es una combinación, pero sobre todo hay una dificultad para internalizar el fenómeno dado que rompe con toda la lógica previa de expansión del sistema educativo.
Montes: Por eso uno de los aportes centrales de nuestro trabajo es la desagregación de la información. No alcanza con mirar promedios provinciales o nacionales. Hay que bajar al nivel de cada territorio.
¿Por qué es clave ese nivel de detalle?
Batiuk: Porque los promedios esconden realidades muy distintas. En una misma provincia se identifican zonas con una caída muy fuerte de la natalidad y otras donde el descenso es menor y la tasa de asistencia también registra diferencias.
Montes: En zonas rurales, por ejemplo, la cobertura sigue siendo baja. De cada cien chicos que deberían estar en sala de cuatro, pueden asistir sesenta o incluso cuarenta. Nosotros combinamos esas tasas de escolarización con la dinámica del descenso demográfico para entender mejor qué pasa en cada lugar. Si se observa la Ciudad de Buenos Aires, tiene más del 80% de asistencia en sala de tres, pero al mismo tiempo tuvo una caída del 45% en la natalidad. Eso implica que el sistema puede estar saturado y que no habrá más demanda. Entonces aparecen opciones: reducir la cantidad de alumnos por sala, ampliar la jornada o extender la oferta hacia edades más tempranas.
¿Existen modelos internacionales que puedan servir como guía?
Batiuk: No hay un modelo trasladable directamente pero hay una serie de alternativas que pueden evaluarse de manera contextualizada.
Montes: Lo que hay que hacer depende de cada territorio. No hay soluciones únicas ni recetas universales.
Uno de los debates que aparece es la jornada completa. ¿Es viable ampliarla como respuesta a la menor matrícula?
Batiuk: Hay que separar dos dimensiones. Por un lado, lo cultural: en Argentina todavía hay resistencia a institucionalizar a los niños tan temprano y durante tantas horas, especialmente en el nivel inicial.
Montes: Esa resistencia es mayor en el interior del país. No es lo mismo que en primaria.
Batiuk: Por otro lado, está la cuestión de gestión. Hoy la oferta es bastante rígida: jornada simple o completa. No hay muchas opciones intermedias que se adapten a las necesidades de las familias.
Montes: Se podrían pensar instituciones con horarios más amplios y flexibles, donde las familias elijan el tiempo de permanencia según sus necesidades laborales y domésticas.
Batiuk: Pero esas alternativas pueden ser difíciles de implementar porque implican modificar estructuras muy arraigadas: designaciones docentes, organización institucional, infraestructura.
¿La estructura actual del sistema es un obstáculo para esa transformación?
Montes: Sí. Las designaciones docentes tienen un formato muy estable y la jornada completa, además, es una de las opciones más costosas. Requiere más docentes y mejores condiciones edilicias.
Batiuk: También hay edificios que podrían aprovecharse mejor, pero eso requiere una planificación muy específica en cada territorio.
Frente a una menor matrícula, ¿qué pasará con los docentes?
Batiuk: No vamos a necesitar la misma cantidad de docentes que se están formando hoy bajo la lógica de expansión.
Montes: Pero eso no significa menos trabajo docente, sino un cambio en los perfiles.
¿Cómo debería transformarse ese rol?
Montes: Probablemente necesitemos docentes con funciones más diversificadas: formadores de otros docentes, especialistas en acompañar trayectorias, en evaluación, en producción de materiales didácticos.
Batiuk: También hay una demanda creciente vinculada a la inclusión, especialmente de estudiantes con discapacidad.
Montes: Eso no se resuelve con las mismas carreras ni con la misma formación. Se necesitan perfiles específicos.
¿El excedente de cargos podría ser una oportunidad para fortalecer la inclusión?
Batiuk: Podría serlo, pero requiere una redefinición de la formación docente. No alcanza con redistribuir cargos si no se modifican las capacidades. Si los perfiles se van a diversificar para atender estas necesidades específicas, debemos proyectar alternativas diferentes también en la formación de base.
En paralelo, aparece otro fenómeno: el envejecimiento de la población. ¿Puede eso redefinir el sistema educativo?
Montes: Sin duda. Vamos hacia sociedades con mayor proporción de adultos mayores que requerirán no solo cuidados de salud, sino también formación en lo cognitivo, lo recreativo y lo intelectual. La educación a lo largo de la vida va a dejar de ser un concepto abstracto.
Batiuk: Eso implica un diálogo entre sectores, especialmente entre educación y salud.
Montes: Y también con Hacienda, porque sin financiamiento no hay posibilidad de reorganizar el sistema.
¿Qué rol juegan los sindicatos en este escenario?
Montes: Recién están empezando a conocer la dimensión del fenómeno. Van a tener que ser parte de la discusión, pero no es un debate sencillo.
Batiuk: Y es importante considerar que no hay una única solución. Cada provincia tiene situaciones distintas en relación con la matrícula y los cargos docentes.
¿La comunidad educativa es consciente de este cambio?
Montes: Todavía no. Es un tema que recién empieza a instalarse.
Batiuk: Apareció en los medios, pero falta una comprensión más profunda y un análisis más detallado.
Montes: Históricamente, el éxito de una gestión se medía por la cantidad de estudiantes o por la inauguración de escuelas. Ese indicador ya no sirve.
¿Este cambio excede al sistema educativo?
Montes: Totalmente. Va a impactar en múltiples sectores: desde la producción de bienes hasta el mercado laboral. Es un cambio sistémico.
En una sociedad con cada vez más hijos únicos, ¿Qué rol adquiere la escuela en términos de socialización?
Batiuk: Un rol central. Si los niños ya no tienen hermanos, el espacio escolar se vuelve clave para la interacción con pares.
De cara al futuro, ¿Cómo imaginan la escuela en las próximas décadas?
Montes: Imaginamos escuelas más pequeñas, con menos alumnos y potencialmente una mayor diversificación de perfiles a cargo del cuidado, la atención y la enseñanza. Pero eso no va a suceder automáticamente. Requiere decisiones que empiecen a tomarse ahora.
Batiuk: El foco ya no va a estar en construir más edificios o ampliar la matrícula, sino en lo que sucede dentro del aula. En la educación infantil, hay mucho por hacer para evaluar la idoneidad de los servicios que brindamos. Hasta el momento, el sistema puso la prioridad en la cobertura, pero el acceso por sí solo no garantiza que el servicio sea adecuado para favorecer el desarrollo integral o los aprendizajes que se requieren promover. Por primera vez, la sábana ya no necesariamente va a estar tironeando del lado de la falta de vacantes. Es la oportunidad para que el sistema se dé la chance de mejorar las propuestas pedagógicas y garantizar ricas experiencias de aprendizaje para los más pequeños.











